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Hotel Hacienda Blanca Flor se localiza en el centro del mundo maya en el estado de Campeche muy cerca del estado de Yucatán. Una antigua Hacienda que ha sido restaurada y convertida en Hotel. Edificada en el siglo XVII, La Hacienda Blanca Flor fue centro de diversos movimientos durante la Guerra de Castas entre Españoles e Indios Mayas, en el año de 1843; recinto de descanso de la emperatriz Carlota en el año de 1865 a su retorno en Caleza a la Ciudad de México proveniente de la ciudad de Mérida Yucatán. Así mismo fue el último baluarte del Gobierno de Yucatán en su propósito antifederalista durante el embate de las fuerzas Carrancistas en 1917. La iglesia de la hacienda fue mudo testigo de las épicas batallas, y en sus muros aún se encuentran serios vestigios de plomo de diferentes calibres. Actualmente La Hacienda Blanca Flor ha sido restaurada y convertida en Hotel. Opera con 20 amplias y confortables habitaciones dotadas de ventiladores y ventilación cruzada, aire acondicionado, así como 6 cabañas con típica construcción Maya, igualmente confortables. Ofrecemos, como es natural, todos los servicios de un Hotel, comedor con cocina especializada en platillos regionales e internacionales; igualmente contamos con Sala de Conferencias, piscina, caballos, bicicletas y extensas áreas verdes. Al norte a menos de una hora, a través de una magnifica carretera se arriba a Uxmal, Kabah, Zayil, Labna y Xlapac, antiguas ciudades mayas que conforman la ruta Puuc. Hacia el noroeste, se encuentra las Grutas de Loltun, extraordinarias conformaciones de estalactitas y estalagmitas tan grandes y maravillosas como una catedral. Hacia el oeste, se
encuentra Isla Arena, centro de pescadores desde donde se embarca uno hacia la Reserva
Ecológica de Celestún, conocido refugio de Flamingos rosas y gran variedad faunística. Nuestros paquetes turísticos se conforman para que desde La Hacienda Blanca Flor, en 5 días, se recorra toda el área, lo que le da al viajero seguridad y comodidad en los traslados además de un descanso maravilloso. Esto es, vivir el siglo XVII, en pleno siglo XXI
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